El faro que Washington apadrinó

001 portland head ligth002 portland head lightEste faro, como tantos otros, tiene su leyenda. Lo que cuentan de él es que habían comenzado a construirlo pero fue preciso parar las obras por falta de recursos. Pero he aquí que George Washington se enteró de la novedad y la primera decisión que tomó, tras tomar posesión de la presidencia, fue disponer de 1.500 dólares para que los trabajos continuaran. En el año 1791, la luz del faro mayor de Portland comenzó a lucir; y no ha dejado de hacerlo hasta la fecha, noche tras noche, para orientar a los barcos en el rumbo de entrada, entre rocas e islas, hasta los viejos muelles.

El estado norteamericano de Maine tiene 3.478 kilómetros de costa en el Atlántico, muchos más que la enorme California sobre el Pacífico. En cabos de paisaje agreste, en islas solitarias, en rincones inolvidables 003 faro de ram islanddonde el mar y la tierra se trenzan, Maine ofrece el mayor catálogo de faros de Estados Unidos, sesenta en total, que están no solo protegidos sino primorosamente conservados. Atractivo turístico de primer nivel, los faros, aunque hayan quedado atrás gracias a las nuevas tecnologías, presiden parajes de una belleza singular. Y en su gran mayoría, no solo se pueden contemplar sin la interferencia de construcciones, sino que son la pieza principal de parques naturales frecuentados por excursionistas y paseantes.

El faro mayor de Portland, situado al norte de Cape Elizabeth, en tierra firme, hace pareja con el de la isla Ram, situado enfrente, como a una milla, sobre unas rocas deshabitadas que el mar bate en invierno. Durante su largo servicio desde finales del siglo XVIII, la torre ha tenido cuatro alturas distintas y ha albergado ópticas de mayor o menor categoría según el criterio cambiante de los guardacostas y los ministerios en uno u otro momento. Ahora, incluso en los días más radiantes y soleados, sus cuidadores se permiten hacer sonar las bocinas de aviso como se hacía en los más peligrosos días de niebla o tormenta. Es una atracción romántica, un recuerdo. No en balde, pintada sobre las rocas, hay una inscripción que recuerda un naufragio de 1899.

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Amsterdam y las velas

2015 sails amsterdam (3)2015 sails amsterdam (2)Amsterdam –!quién estuviera allí!– es una de las ciudades del norte de Europa donde la afición al mar y a las velas se respira desde el primer minuto. Su grandioso puerto comercial, unido a un extraordinario Museo Marítimo, son el origen de un afecto y un respeto que, en verano, se convierte en un Festival destinado a las velas y, muy especialmente, a los “tall ships”, a los venerados grandes veleros del mundo, que cada año se dan cita en lugares relevantes del mundo. La fiesta de las velas comenzó el miércoles, con la presencia de los reyes de Holanda, y durará hasta el domingo. Exposiciones, espectáculos, exhibiciones náuticas, visitas a buques, gastronomía, música y otras muchas iniciativas, animan el verano. El desfile de los grandes veleros, arropados por 600 embarcaciones de todo tipo, fueron el primer acto de las fiestas.

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Mar de placer, mar de guerra, mar de trabajo

 

VAL2012-032 puerto pesqueros“Este es un mar antiguo que ha visto todas las cosas. Es un mar doméstico y de bienestar, que por fortuna podemos usar ahora para el placer y el deporte. Sin embargo, ese mismo mar que en 1909 sirvió para que llegaran los primeros turistas desde Mallorca a la Exposición Regional de Valencia, fue utilizado, escanear0001pocos días después, para el embarque de tropas hacia Barcelona, donde había estallado la Semana Trágica. El Mediterráneo ha vivido, también, excesivas historias tristes de guerra y emigración. Viento en las velas. El mar, como impulso de la economía, de la cultura y el conocimiento. En la historia de los valencianos, es fácil ligar los siglos de esplendor e impulso a los que tienen como escenario el del mar; por el contrario, nuestros tiempos más oscuros y decadentes serán los del alejamiento de la ciudad y de su economía, por dejadez de la sociedad o por imposición del poder, de sus vínculos con el Mediterráneo.

“Nada de fecundo y grande se hará en Valencia si no devolvemos a los valencianos la emoción honda de la tierra. A lo cual es preciso añadir que tampoco se hará nada bello ni realmente culto, mientras no le devolvamos la pasión –ancha y luminosa—de la mar. La mar en todas sus incitaciones y posibilidades. Como Poesía y también como Economía. Como poderío”. El periodista Martín Domínguez, en los años cuarenta intuyó con claridad la necesidad de fomentar una vocación valenciana por el mar. Era tan sencillo, y tan moral obligatorio, como tomar el relevo en una carrera generacional. Porque, una generación tras otra, puerto, playa, dársena y lago de la Albufera han forjado un patrimonio al que es imposible renunciar.

El mar, para el que se lo trabaja

El mar, como la tierra, para el que se lo trabaja. Para el que lo sufre y lo suda. La playa de Valencia conoce bien estas verdades y una de las escenas del pasado que refrescan el recuerdo de aquella dureza es la pesca del bou.

Bou es una palabra del castellano que define una modalidad de “pesca en que dos barcas, apartadas la una de la otra, tiran de la red, arrastrándola por el fondo”. Pero también es una palabra valenciana que define al buey, a los enormes, a los pesados toros que se empleaban, en yunta,  en las tareas de botar desde la arena las embarcaciones varadas, para ponerlas en la mar a faenar, o jalar de ellas, al atardecer, cuando regresaban al Cabanyal con la pesca a bordo. Sorolla fue el primero que, al ver esas escenas, trasladó a los lienzos toda la plasticidad que contenían. Olas y brisa, sol sobre los músculos mojados de los hombres y sobre el pelaje brillante de los animales. La necesidad de que las barcas emparejadas naveguen al unísono, sin desviaciones, siempre ha dado como resultado marineros de una pericia muy especial. Se navegaba por impulso de una única vela latina, con el auxilio de los remos; y se trabajaba en aguas que casi nunca superaban el centenar de brazas.

(Fragmentos del libro “Valencia. Veles e Vents”, de Francisco Pérez Puche. Editorial Tivoli)

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El “Elcano”, de nuevo en casa

 

amigos del juan s elcanoEl buque escuela español “Juan Sebastián de Elcano” está ya en casa. A  las tres de la tarde del lunes, 13 de julio, se le espera en el muelle de Torpedos de la Escuela Naval de Marín, después de un largo viaje de instrucción. El barco será recibido en tierra por el Comandante Director de la Escuela Naval Militar, capitán de navío Juan Luis Sobrino Pérez Crespo, los oficiales profesores, el batallón de alumnos, la banda de música y los familiares y amigos de los Guardamarinas embarcados. Después, durante tres días, el bque escuela podrá ser visitado por el público. El jueves, como es tradicional, la escuela será escenario de la entrega de despachos a los nuevos oficiales, un  acto que se celebra siempre en la festividad de la Virgen del Carmen, patrona de la Armada. El rey don Felipe ha confirmado su asistencia a la ceremonia, que siempre reviste la mayor solemnidad; en ella, se procede a la jura de bandera de los alumnos de primer curso de la Escuela Naval Militar. El “Juan Sebastián Elcano” zarpó en enero hacia Las Palmas de Gran Canaria, y después ha realizado un crucero de instrucción que le ha llevado a los puertos de Río de Janeiro, Montevideo, Punta Arenas, Valparaíso, El Callao, Veracruz, Pensacola y Boston.

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El regreso de “The World”

 

TheWorld01En junio de 2007, en plena recta final de la Copa América, estuvo unos días en aguas de Valencia el buque de cruceros “The World”. Ocho años después, el buque ha regresado a Valencia. Y es bueno agradecerle su fidelidad con el recuerdo del artículo publicado el 27 de junio en “Las Provincias”

“En 1923, cuando Europa estaba olvidando los horrores de la gran guerra y la depresión económica ni siquiera se planteaba en un mundo alegre y confiado, Vicente Blasco Ibáñez se embarcó en el “Franconia” dispuesto a hacer un largo crucero. Lejos de todo, lejos incluso de una España donde el general Primo de Rivera había dado su golpe de mano, don Vicente cerró los ojos, se hizo la última cuenta, y se metió en una jaula de oro flotante para darse la oportunidad de ver, durante seis meses seguidos, lo que pudiera quedar en el mundo de extraño, lujoso o adorable.  Desde que leí “La vuelta al mundo de un novelista” que me estoy preguntando, amado patrón, si queda en el mundo un modo de viajar como aquel, tan romántico y antiguo, tan exclusivo y refinado como el que llevó a Blasco por los siete mares. Y creo que lo he encontrado en el puerto, donde estos días ha regresado el impresionante paquebote “The World”.

No es el más grande, porque 45.000 toneladas ya apenas es nada en esta competición de los hoteles flotantes. Pero me da en la nariz que sus apartamentos de 150 metros cuadrados, con salón, dos habitaciones y dos cuartos de baño responden a un nivel de confort y refinamiento algo superior a lo que hay en estos momentos en el mercado. Estuvo ya en Valencia en 2005 y se le vio en aguas de la Malvarrosa unido al convoy de la Copa América. Ahora, tras el Festival de Cannes, anda de puerto en puerto por Italia, Croacia y Francia, como sin prisa, porque su modelo es ese, precisamente: el de una edificio de apartamentos de lujo que se está moviendo calmosamente por los mares, con todo lo necesario a bordo, para que el pasajero tome en alquiler el tramo que mejor le acomode, con independencia de quién pueda ser el dueño de una inversión que navega y que una compañía de Florida se encarga de explotar y rentabilizar.

No hay que preguntar por el jacuzzi: cada apartamento tiene el suyo en la terraza. De modo que hoy bastará con sumergirse en él, desde luego si estás a estribor, para poder ver la salida de la regata entre Alinghi y New Zealand. Desde cualquier de los cuatro restaurantes de a bordo te servirán en la habitación una de las tres clases de menú, el más barato de 58 dólares. Sí, todo indica que aún queda lujo por encima de lo convencional. Y está ahora en Valencia”.

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Sin colas, sin agobios, sin jaleo

star-flyerLa experiencia de mucha gente a bordo de un crucero es decepcionante. Se ha gastado el dinero, sí; pero del viaje apenas recuerda que ha hecho colas. Para bajar a tierra, colas; para tomar el autobús, más colas… Para encontrar hueco en la piscina, tomar un plato de espagueti o pedir un Martini en el bar, colas y más colas. Es lo más normal en los cruceros convencionales, en los enormes buques actuales que, para funcionar mínimamente, necesitan de una organización inspirada en la de los cuarteles o portaaviones: formación por batallones, alojamiento por colores, distribución por cubiertas, corredores, ascensores… Es lo que hay. Y es lo que está haciendo que algunas personas no quieran hacer un segundo crucero. No obstante hay quien luego se informa, compara los programas, los precios, los recorridos, mira los barcos y toma sus decisiones.

Para un crucero sin colas, sin agobios, sin prisas ni jaleos lo mejor es ir en barcos pequeños, de poca capacidad y un servicio casi personalizado. No es cierto que sean muy caros. Los hay de precios muy razonables. El martes, 7 de julio, por ejemplo, hace escala en Valencia una preciosidad, el “Star Flyer”, un hermoso velero de cuatro palos que va a pasar el verano moviéndose en un circuito que tiene su salida y llegada en Palma y va a Formentera, Ibiza, Valencia, San Carlos de la Rápita, Mahón, Soller y fin del viaje. Son lugares conocidos. Y salvo Palma y Valencia, puertos pequeños. En realidad, casi no hace ni falta bajar a tierra. A bordo habrá, como máximo, 170 personas. Que tendrán a su disposición setenta personas de tripulación. El coste del crucero es de 1.757 euros por persona, en camarote interior y de 2.205 en exterior. Las bebidas y las excursiones no van incluidas.

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Los faros del mundo

sturgeon-bay¿Cómo se convierta una simple herramienta en sentimiento? ¿Cómo una luz que avisa puede convertirse en emoción, nostalgia, soledad y poesía? Son maravillas de la sensibilidad. Pero el caso es que los faros, cada día menos necesarios, tienen cada vez más amigos y seguidores. Evocadores, románticos, literarios… Cuando los ministerios de turno los abandonan, aparecen asociaciones de voluntarios que los salvan. Cuando los guardacostas pretextan no tener ya presupuesto, surgen protestas a iniciativas de conservación. Y en las redes sociales, aunque nadie lo suponga, se multiplican los seguidores de los blogs o los perfiles de Facebook dedicados a los faros. Farosdelmundo, así unidas las tres palabras, es un concepto que basta teclear para que nos produzca una constelación de información: para empezar, cientos de efemérides sobre la historia de los faros en el mundo. Y cientos de magníficas y evocadoras imágenes. Para solitarios, para aburridos, para amantes del paisaje, para soñadores… los faros.

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