Trasmediterránea: todo a punto para el verano

 

FORZATrasmediterránea lo tiene todo a punto para levantar el telón de las Baleares el próximo día 15 de junio. Comienza la temporada, se refuerzan todos los itinerarios de conexión de los puertos de Valencia y Barcelona con Mallorca, Ibiza y Menorca y la oferta de verano se informa que va a ascender a 733.000 plazas para pasajeros, en ambos sentidos. Como es tradicional, Trasmediterránea ha anunciado que también amplía su oferta de carga, garantizando el abastecimiento a las islas, donde el consumo se multiplica en verano. En total, la compañía opera a Baleares con una flota de seis buques -cinco ferries de pasajeros y carga y un buque de carga.

Palma es el destino donde se oferta mayor número de plazas de pasaje durante la temporada estival, con un total de 272.000. Se mantienen las salidas diarias desde Barcelona, con 12.000 plazas semanales. Y en la conexión Valencia-Palma se ha incorporado el buque Forza que permite incrementar la capacidad de pasaje respecto al buque que operaba el verano pasado, con una oferta cercana a las 9.000 plazas semanales. Entre las novedades para este verano, se crea una nueva terraza en el buque de la línea Valencia-Palma, similar a la que también disfrutan los pasajeros de la travesía Barcelona-Palma.

A Ibiza se ofertan  en total 221.000 plazas este verano. Desde Valencia habrá una salida diaria  en el buque Juan J. Sister que incrementa un 46 % la capacidad de pasaje respecto al buque que el verano pasado hacia esta línea,   hasta alcanzar las 9.400 plazas semanales. Además de los servicios que el Juan J. Síster  incorpora a esta línea: piscina, terraza, camarotes y camarotes preferentes, butacas y butacas club, estrena este verano un nuevo autoservicio en el que poder disfrutar de platos variados y snacks.  Continúa la salida a Mahón semanal desde Valencia vía Palma que se realiza durante todo el año.

Trasmediterránea refuerza también este verano su oferta de carga con Baleares, siendo la principal vía de entrada a las islas de mercancías y abastecimiento tanto de  productos  frescos y de uso diario,  como de  las  flotas de coches de alquiler y otras mercancías especiales con destino a hospitales y a la hostelería.

Desde Valencia a Palma se ha incrementado un  30 % la oferta de  bodega  para el transporte de mercancías, con el buque Forza. Este verano la Compañía  aumenta también  un 20 % la  oferta de capacidad de carga desde Barcelona, con el incremento de rotaciones del buque de carga, además del incremento de frecuencias de los ferries a Mahón e Ibiza.

 

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El lujo de los viajes largos

seven seas voyager (2)Las compañías de crucero, como se sabe, compiten abiertamente, en su comunicación y campañas de promoción, en pregonar el lujo máximo. Nadie ofrece tanta y tan desmedida atención a los clientes, tanta exclusividad, una cocina tan exigente, unos detalles tan perfeccionados. Y aunque en casi todos los casos son verdad verdadera, hay ocasiones en que ese lujo es realmente más elevado. Así parece que ocurre con el buque “Seven Seas Voyager”, que a las prestaciones de llevar 447 tripulantes para un máximo de 730 pasajeros, que son muy altas, une la de ser de esos barcos que aplican la modalidad del “todo incluido”, sea lo que sea, en el restaurante o en el bar. La otra modalidad que distingue a este hermoso buque que el martes estuvo en Valencia y el miércoles va a visitar Alicante es que no existe la prisa en su programa. Hace viajes muy, pero que muy largos, aunque el cliente puede comprarlos a trozos: ahora mismo está haciendo un “tour” de 55 noches, que partió el 12 de abril de Singapur y va a terminar el 2 de junio en Southampton. Por esa razón, ayer pasó en Valencia más horas de lo habitual y hoy va a visitar un puerto relativamente cercano como es Alicante; porque no tiene mucha prisa, ni el barco ni sus tripulantes, dispuestos a pagar por encima de 40.000 dólares por esos casi dos meses de navegación. Como probablemente todo lo llevan ya pagado, el número de autobuses que se vio ayer en la ciudad fue muy alto para el número de pasajeros, que era moderado.

El miércoles, en Valencia, tendremos al bonito y también muy lujoso “Silver Wind”, de solo 296 plazas: Es una bombonera a flote que también presume de conceder los lujos y las elegancias más estimables. Con cocina mediterránea.

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Valencia y los cruceros esquivos

Fotografía escala crucerosEs ya la tercera vez que ocurre este año, pero en las dos ocasiones anteriores –25 de abril y 2 de mayo— nadie escribió una línea al respecto. Esta vez, sin embargo, ha sido la propia Autoridad Portuaria de Valencia la que ha activado a su agencia de prensa para informar con redoble de tambores de la novedad: que en el puerto de Valencia, hoy lunes, 16 de mayo, se daban cita cuatro buques de crucero.

Todo esto viene a cuenta de algunas informaciones que se han publicado en las últimas semanas en la prensa valenciana. Como es tradición, en Valencia no hay, como pasa en otras ciudades muy marineras, información diaria de los buques que entran o salen, ni de los de carga ni de los de pasaje. Esa información, que estuvo como nutriente en el nacimiento de los periódicos, ya no interesa. De modo que lo que se suele publicar es lo que va mal: si desciende un poquito el ritmo de entrada de cruceros, tenemos crisis; si este mes hay menos barcos que en el mismo mes de hace dos años, el asunto es grave… Y si hace fresco todavía y las heladerías del centro se quejan de que entran menos cruceristas, es el fin del mundo. La última polémica habida ha sido a costa de que cuatro buques no hicieron la escala anunciada –¡el año pasado!—aunque nadie ha dado las causas por las que eso pudo ocurrir: ¿avería, mala mar, escasez de plazas vendidas, enfermo grave a bordo…?

El asunto es que hay nervios con esto de los cruceros, porque 2015 funcionó algo flojo, las tensiones de la política se cuelan por todas partes y porque Valencia es como es: una ciudad que dice adorar el mar pero que no publica que el “Queen Elizabeth” está en puerto, cosa que ocurrió el pasado 6 de mayo.

En todo caso, este lunes daba gozo ver el puerto de Valencia, durante la escala simultánea de los buques Aidacara, Costa Fascinosa, FTI Berlin y National Geographic Orion que han desembarcado en el recinto del Grao a alrededor de  4.700 pasajeros. (Porque esa es otra: los anuncios anticipados de arribadas dan la cifra de pasaje máximo, luego los buques llevan a bordo los que llevan y al final bajan a tierra los que tienen ganas de bajar).

Aunque antes el puerto nunca comentaba las llegadas previstas, ahora nos ha explicado que FTI Berlin, que viene al menos una vez al año, es un crucero de alta gama que ha atracado en el muelle de Transversales donde ha desembarcado 271 pasajeros. Por su parte, el National Geographic Orion, que también ha atracado en el muelle de Transversales, está considerado como un crucero de expedición de alta gama. Sus pasajeros buscan, fundamentalmente, “disfrutar de experiencias únicas conociendo la gastronomía y la fauna y flora autóctonas en sus escalas”, ha dicho la oficina de prensa portuaria. Por su parte, el buque Aidacara ha atracado en el muelle de Poniente, con alrededor de 1.100 pasajeros. Finalmente, el Costa Fascinosa ha atracado en el nuevo muelle de cruceros de la ampliación norte, donde ha desembarcado a sus más de 3.200 pasajeros.

Los servicios de prensa han informado, además, que el puerto de Valencia cerró 2015 con un total de 371.374 turistas de cruceros y se prevé que en 2016 se alcancen los 406.720 cruceristas. Durante el primer trimestre de este año, recalaron en Valencia 30.810 cruceristas, un 11,97% más que durante el mismo periodo del año anterior. Actualmente, Valencia actúa como puerto base para las navieras MSC Cruceros y Costa Cruceros y recibe escalas de otras 34 compañías del sector.

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Marina de Valencia, a la conquista del verano

 

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Tras el éxito de la jornada de puertas abiertas, celebrada el pasado domingo, la Marina Juan Carlos I de Valencia se prepara para la conquista del público del verano. Nuevos espacios y servicios, alicientes para el público van ir apareciendo en las próximas semanas para garantizar una temporada veraniega de éxito junto al mar de Valencia.

El Consorcio Valencia 2007 acaba de licitar un nuevo servicio de paseos en barco, para fomentar la actividad náutica y los atractivos turísticos de la Marina. El Boletín Oficial del Estado ha publicado la licitación del uso de la lámina de agua de la dársena para un servicio de paseos en barco y un punto para la venta de tickets, ubicado frente al Veles e Vents. La concesión tiene una duración de cinco años, con posibilidad de prórroga por dos años más. El canon mensual, en temporada de invierno, de noviembre a abril, es de 1.550€,  y en verano, de mayo a octubre de 2.210 euros, ambos mejorables al alza.

concesión de un servicio de paseos en barco, cuya adjudicación está prevista para mediados del mes de mayo. Por otra parte, la Comisión Delegada autorizó en su última sesión, la continuidad, por un año más, de cinco empresas, situadas en la zona comercial de Marina norte, todas ellas pertenecientes al sector náutico. Se ha dado luz verde, también, a los procedimientos para la instalación de cinco nuevos negocios en la Marina, la mayoría de ellos relacionados con el sector náutico.

Asimismo, hace unas semanas, abrió sus puertas, en la antigua base de Team New Zealand, Navaltec, una tienda de servicios y mantenimiento náuticos, en un espacio de 250 m2 , que supone una ampliación de las instalaciones de las que hasta ahora disponía en la zona comercial norte de la Marina. Con la llegada de estas nuevas empresas, la Marina cuenta ya con más 30 instalaciones náuticas, entre negocios, empresas, clubes y federaciones instaladas en el recinto, lo que la convierte en el espacio de referencia para la práctica de deportes de agua en Valencia.

El domingo último, 1 de mayo, miles de valencianos y visitantes se dieron cita en las jornadas de puertas abiertas que organizó la Asociación de empresarios de la Marina Real para dar a conocer su oferta gastronómica y de actividades náuticas, en la que también participó la Escola municipal de Vela. Cerca de 8.000 personas participaron en las actividades gratuitas ofrecidas por los empresarios y la Escola: paseos en barco, catamarán, velero, remo, paddle surf, hoverboard, pintacaras, degustaciones y otros alicientes. Finalmente, la Marinade Valencia también acogerá otro gran evento: del 24 al 26 de junio, se celebrará el Valencia Beach Festival, un nuevo festival de música con una programación ecléctica que se ubicará en los alrededores del Veles e Vents.

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“Sea Cloud”, una leyenda de tres mástiles en Valencia

csm_SC_Breite_976_229b883402Se dice de este barco de vela que Ramsés Trujillo sedujo a Zsa-Zsa Gabor al arrimo del palo mayor. Se cuenta que Kim Novak no pudo resistir los encantos de  la cubierta de teka y que Joan Collins cayó rendida ante cócteles servidos a la vista de la playa de Santa Mónica. Es el “Sea Cloud”, una leyenda de tres mástiles que de vez en cuando pasa por Valencia y que el lunes, 25 de abril, tendremos en puerto. Seguido de cerca de su hermano gemelo, el “Sea Cloud II”, anoche navegó frente a las costas de Murcia y Alicante. El sábado hizo escala en Lisboa, después de atravesar el Atlántico. La temporada de invierno ha terminado en las Antillas y es hora de dejar la base de las islas Barbados y pasar al Mediterráneo donde este verano trabajará en las islas griegas.

Es hora de refrescar y recordar el post que ya publicamos en el año 2013. “Sea Cloud”, la Nube de Mar, es el romántico nombre que le puso en 1931 Marjorie Merriweather, la esposa del muchimillonario Edgard F. Hutton, un bolsista aficionado a la buena vida, que mandó construirlo en astilleros alemanes. Imposible contar la vida, el lujo, los románticos lances que han pasado por este buque. Imposible hacer relato de una leyenda que merece un libro entero. Porque los grandes barcos, como las mejores pinturas, interesan tanto por su historia como por la calidad de lo pintado. Porque la pareja fundadora se separó en 1935, después de haber recorrido medio mundo con 72 tripulantes y muchas cajas de Moët a bordo y la señora se casó con Joseph E.Davis, que acabó siendo embajador de Estados Unidos en la URSS. El barco cruzó el Atlántico y echó el ancla no lejos del Hermitage, en un San Petersburgo que no se llamaba así.

Imaginemos el vodka y el caviar. Imaginemos al embajador intentando saber y a los espías de los dos lados intentando escuchar cuando Hitler amenazaba a todos y la guerra era cosa de pocas semanas. Hasta que llegó y trajo de la mano que el “Sea Cloud” hiciera la “mili”. La propietaria lo cedió por un dólar y le quitaron los palos, le quitaron el lujo y lo pusieron de estación meteorológica los guardacostas americanos… Si atacaban los alemanes, que lo hundieran. Así pasó la guerra hasta que lo compró, tras la victoria, un tal Rafael Leónidas Trujillo, el dictador gordito de la República Dominica, que le puso el nombre de “Angelita” en honor de su hija. Sin embargo, fue el hijo Ramsés, el que se llevó el navío a California y lo usó como galante picadero de amoríos y buena vida. En vez de navegar con sus treinta velas desplegadas, en vez de exhibir el poderío de sus 3.000 metros cuadrados de trapo, el “Angelita” soportó mucho amarre y mucho balanceo nocturno. Hasta que un día, en 1961, sirvió para que la familia Trujillo pudiera darse el bote, ahuyentados por la revolución, con el fiambre del dictador en la sentina.

Empezó para nuestro romántico barco otra época, otro tiempo: de empresa en empresa, de subasta en subasta, con el temor de un desguace porque en el tramo final del siglo se hacía evidente que un barco así es un chorro de gastos que no produce nada. Al final lo compró un empresario alemán, el propietario de la Hansa Group, que tiene buques de carga y de crucero y que vio en él la posibilidad de configurar un pequeño grupo de navíos de alta gama que haga cruceros marítimos y fluviales con un coste muy elevado.

Es la nueva vida del “Sea Cloud”, que tiene un hermano gemelo, el “Sea Cloud II”, construido hace pocos años para extender la flota. ¿Cómo sostener cruceros para 64 personas en camarotes exclusivos? ¿Cómo mantener la tapicería, la vajilla y el lujo, las tumbonas de mimbre y los cromados clásicos, la elegante exclusividad que fue característica en los años treinta?

Con mucho dinero. Viajar desde Lisboa a Palma por Cádiz, Málaga, Ibiza y Valencia, ocho días de mar y siete noches, cuesta bastante más de 4.000 dólares por persona. Pero este buque es otra cosa. Es un sueño a vela capaz de navegar sin prisa por Jamaica y las Barbados, de ir de isla en isla por la costa griega e incluso de programar cruceros sin programa: vamos a navegar a vela desde la Valetta a El Pireo, en principio entre el 1 y el 8 de mayo, pero llegaremos a Estambul según el viento, cuando Dios quiera. Y eso es otro cantar…

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Levando anclas

La visita de amistad que un nutrido grupo de marinos norteamericanos hizo al pueblo de Rafelbunyol el 9 de enero de 1953 está siendo recreada estos días a raíz de la preparación de un documental sobre la jornada y, en términos generales, sobre las relaciones entre los valencianos y los marinos de la VI Flota en los años cincuenta. Por esa razón, parece oportuno recrear ahora un texto preparado para el Anuario Vergara del año 2014, que resume las vivencias de aquellos años.

001 rafelbunyolEn la Valencia donde se cantaban los anuncios de “Muebles Peris” y “Lejía los Tres Ramos”, un día, en 1952, echó el ancla frente al puerto un navío de guerra nunca visto: el portaaviones “USS F. D. Roosevelt”. Fue la primera de una larga serie de visitas que, durante las décadas de los cincuenta y los sesenta,
007 jornada naranjas 1953habría de propiciar en todos los puertos españoles del Mediterráneo, el desembarco cíclico de cientos, miles de marinos de la VI Flota de los Estados Unidos.

 Con ellos, como una lluvia fina, llegaron también nuevos usos, gustos y costumbres: baloncesto y encendedores Zippo, chicle y leche en polvo, pantalones tejanos y música con “swing”. Para muchos, la US Navy es la feliz responsable de la entrada del jazz en sus vidas; para otros, no es posible disociar el recuerdo de “Mocambo” de la presencia de marinos con dos cervezas 006 las provincias 1960 banda del des moinesde más y ganas de jarana. Los jóvenes, sobre todo, querían absorber de ellos cualquier atisbo de novedad. Aunque solo sea nostalgia, la Valencia de aquel momento debe algo a los jóvenes que llegaban a bordo de aquellos barcos grises.

Una tarde de febrero de 1960, la plaza del Caudillo de Valencia se llenó, repentinamente, de unos compases marciales que, de tan repetidos, 009 marinos calle xàtivaresultaban familiares. Una banda de marinos norteamericanos, instalada sobre una tribuna encima de la tortada de piedra, interpretaba una vieja marcha, escrita en 1906 por un músico militar y estrenada en un partido de rugby entre marinos y soldados: “Anchors aweigh, my boys, anchors aweigh!”. Los valencianos conocían los compases a través de “Levando anclas”, la película que un pianista de la tierra, Pepe Iturbi, había interpretado junto con Gene Kelly y Frank Sinatra.

La cinta de George Sidney se estrenó apenas tres semanas antes de que el presidente Truman autorizara el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki. Pero, a través de una visión optimista y desenfadada, buscaba esa recuperación del optimismo que tan necesario era después de los desastres de la guerra. Diez años después de las bombas de Truman, el presidente Eisenhower lanzó el programa “Átomos para la paz” y avalaba la presencia en las instituciones internacionales de una España que estaba sometida, sin duda, a una durísima dictadura pero que, por pura paradoja, era un aliado preferente de los americanos, gracias a su encarnizado anticomunismo.

La Guerra Fría trajo a España las bases de Morón, Zaragoza, Torrejón y Rota, un oleoducto de casi mil kilómetros y cientos, miles de soldados, marinos y pilotos de Estados Unidos. Dinero yanqui, cultura nueva. Cada día, rumbo a Turquía, pasaban bombarderos B-52 cargados con bombas nucleares que entraban por el cielo de Rota, cargaban combustible sobre Granada y Málaga y salían del mapa por Palomares y Garrucha. Pero como nunca pasaba nada –hasta que pasó— España, durante más de veinte años, fue una fiesta a lo Hemingway en la que no faltaron conciertos de bandas militares, visitas de cortesía, partidos de fútbol amistosos, novilladas turísticas para la US Navy, gloriosas trifulcas nocturnas y visitas a huertos donde soldados oriundos de Montana o Winsconsin veían un naranjo por primera vez. Como si viajaran con Elcano y fuera víctimas del escorbuto, no podían evitar comer mandarinas y limones a puro mordisco.

En 1957, los americanos echaron una buena mano a las víctimas de la riada. Y dos años antes hicieron que Valencia fuera un centro nacional de distribución de la leche en polvo que repartía la Cáritas del otro lado del Atlántico. En Valencia, en 1952, comenzó a funcionar la Casa Americana, un centro de propaganda indudable pero también un núcleo difusor de noticias, cultura y pensamiento sin censura. En Rafelbunyol, en 1953, a raíz de la visita del “USS Leyte”, se  fundó un Club de Amigos, cuya historia se ha recordado a través de un documental. En Guadassuar, en el cincuenta y cuatro, medio pueblo subió al “USS Newport News” y pudo andar desde la quilla a la perilla.

Cada año, en oleadas, llegaron más y más barcos que observaban atónitos las largas colas de valencianos que querían subir a bordo. Los chavales obtenían chicles y cigarrillos “luckie” a cambio de informaciones elementales: dónde se podía encontrar buena cerveza y dónde podía darse un marino alejado de la novia un desahogo al cuerpo. Conocieron así las más surtidas reservas de gomas higiénicas de la ciudad y las más prestigiosas casas de citas del espacio comprendido entre la vieja plaza del Pilar y la novísima avenida del Oeste: “Maldonado Street, mister…”

Casa Barrachina era uno de sus lugares de cita favoritos. En las revistas que se editaban en la embajada o en las bases de Norfolk se puede explorar una Valencia de triciclos y carritos de mano; soleada, sin prisas, surcada por taxis negros, anclada en una atmósfera provinciano. Casa Balanzá fue un lugar frecuentado por su terraza y por sus grifos de cerveza fría. Casa Cesáreo, el de los pollos, fue un lugar ideal para comer barato, con cerveza o coca-cola. Freiduría Duero, Los Toneles, Los Caracoles, Las Tinajas… Aquella era una Valencia sin lujos, de Terry y Veterano. Finalmente, los americanos acudían sobre todo el Café Royalty, el de los naranjeros, el establecimiento de una calle de Xàtiva de anchas aceras y enormes toldos donde en julio o agosto podía uno cruzarse con Orson Wells o Luis Miguel Dominguín.

Marinos de pulcro uniforme blanco planchado a máquina, en verano, y de elegante azul en invierno. En Barrachina hay testigos que recuerdan el éxito de los suculentos bocadillos de blanco y negro donde el embutido, más que freírse, se cocía lentamente con mucho aceite al que se le añadía un poco de vino o coñac para darle cuerpo. Era la Valencia del Hotel Royal y del Reina Victoria; la de las frituras de calamares y las míticas paellas de La Marcelina y La Pepica.

Un día de 1956 se incendió Casa Gay, en la calle de Ruzafa, y mientras el humo subía escaleras arriba dos marinos de patrulla alertaron a los vecinos y ayudaron a ganar la calle a una criada nerviosa seguida de varios niños. Eran los pequeños de la familia Roig Alfonso, entre ellos los que habrían de ser gestores de Mercadona y Pamesa. Todos los hermanos, y los padres, visitaron al día siguiente el barco de los salvadores y posaron con ellos en escenas inolvidables.

Hubo noches sudorosas y de mucha bulla, que las porras de madera de los policías de la SP sofocaban sin contemplaciones. Algunos caminaron haciendo eses hasta caer al mar desde el muelle; pero otros recibieron piadosas aguas bautismales en la Catedral. La presencia americana en Valencia –como todo, como siempre– tuvo cosas buenas y regulares. Fuimos suministradores de frutas y verduras a la Flota, y se llegaron a cultivar especialidades de lechugas al gusto yanqui. Aquí se embarcó Franco en el “USS Coral Sea” para asistir a unas maniobras con fuego real y aquí –en la que luego fue Cointra de Puzol— se fabricaron millones de minas anticarro.

Pepe Isbert, el farero, cuanta los barcos que ve y confirma que “esa flota no es la nuestra”. El cine de Luis García Berlanga sorprende por la agilidad con que abordó los temas de la relación de España con Estados Unidos. “Bienvenido, míster Marshall” se rodó cuando todavía estaban por decidir los lugares de las bases americanas; “Calabuig” abordó la tecnología de los cohetes cuando la US Navy todavía estudiaba ubicar misiles en la popa del “USS Des Moines”, el crucero pesado CA-134 que fue, durante años, buque insignia de la VI Flota. A finales de 1959, el barco, elegante y fino de quilla como un yate, transportó entre Atenas y la Costa Azul a Eisenhower. “Ike” se disponía a dar el relevo a Kennedy y quiso pasar por España para saludar al dictador que tan buen servicio venía prestando a los americanos en la Guerra Fría.

Como todo buque insignia, el crucero llevaba a bordo una banda de música que no solo se empleaba en asuntos oficiales y castrenses. Durante décadas, las seis grandes bandas que la US Navy tiene por el mundo –la principal trabaja para la Casa Blanca– han cumplido muy a gusto la recomendación de llevar en el repertorio piezas de Dixieland o todos los clásicos que el público identifica con Glenn Miller y las formaciones clásicas de “jazz band”. La que sonó en 1960 en Valencia, brillante de metales y con mucho “swing”, incluye contrabajos y sección rítmica. Cuando el rock todavía estaba por aterrizar, cuando Elvis se peinaba el tupé, muchos jóvenes, en la España dominada por Estrellita Castro, supieron que existía el jazz. Y entendieron que en el mundo exterior había otras músicas que algún día, en cuanto pudieran reunir las mil pesetas de rigor, tendrían que ser suyas gracias a ese  soñado “picú” sin el que nunca podrían vivir separados.

F. P. Puche. (Autor del libro “Americanos en Valencia”, editado por el Ayuntamiento en el año 2003)

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La terminal de cruceros regresa

 

DSC_0434La idea de construir una nueva terminal de cruceros en el Puerto de Valencia ha regresado de la mano del presidente de APV, Aurelio Martínez. En una fase de actividad nueva, con todas las cifras comerciales y de tráfico en clara mejoría, los directivos del puerto y del Turismo de Valencia han decidido recuperar el proyecto de construir una terminal nueva para cruceros en la zona de ampliación que es donde, ocasionalmente, amarran los buques turísticos de gran número de pasajeros.

Aurelio Martínez estima que la primera fase de la nueva instalación pueda estar disponible en 2018. Eso supondría una inversión de unos 8 millones de euros. La inversión se incluirá en el plan de empresa de la APV de 2017 y durante el año se sacarán los pliegos de condiciones con el criterio de diseñar un primer módulo que pueda atender a un buque de gran capacidad. El presidente de la APV también ha indicado que el puerto de Valencia va a trabajar por el turismo de cruceros, con el objetivo de llegar a 600.000 cruceristas en 2020, desde los 500.000 actuales. Se pretende que Valencia sea puerto base de cruceros, no solo para escalas.

El director general, Francesc Sánchez, ha explicado que existen dos posibles modelos de gestión para la terminal, pero la Autoridad Portuaria prefiere la gestión indirecta para dar la concesión a una empresa. Respecto a la inversión, ha indicado que están abiertos a la financiación privada para la construcción de la terminal, si bien ha precisado que el puerto quiere una terminal abierta a diferentes compañías navieras. El proyecto del anterior presidente de la APV incluía la participación de las empresas consignatarias en la construcción y la explotación de la terminal.

Mientras tanto, Ramón Gómez Ferrer, subdirector de Planificación Estratégica de la Autoridad Portuaria de Valencia (APV), ha presentado en la Segunda Tribuna FERRMED, celebrada en Málaga, el proyecto CONNECT Valenciaport, como oportunidad y modelo de integración en el Corredor Mediterráneo. Un proyecto que fija como principal objetivo la mejora de la conectividad intermodal del Puerto de Valencia e incrementar el uso del ferrocarril para el transporte de mercancías. Gómez Ferrer ha destacado la necesidad de “urgir y vigilar el cumplimiento de los plazos de las inversiones porque cualquier pérdida de tiempo es una pérdida de competitividad para el puerto de Valencia, y para el conjunto de la economía de la Comunidad Valenciana”.

Con una inversión de 55 millones de euros, de los que la Comisión Europea aportará 11 millones de euros (el 20%), el proyecto mejorará las infraestructuras de transporte ferroviario existentes adaptándolas al ancho UIC mediante la introducción del tercer carril, permitiendo conectar el Puerto de Valencia y sus terminales a la red ferroviaria europea como puerto básico de la red TEN-T y del Corredor Mediterráneo. Una de las principales transformaciones del recinto portuario valenciano será la ampliación de la red viaria en las terminales más importantes para que puedan atender a trenes de hasta 750 m. de longitud en los muelles Levante y Príncipe Felipe; así como la supresión de los pasos a nivel intraportuarios. Estas inversiones permitirán aumentar notablemente la capacidad para operar trenes en el Puerto de Valencia, incrementar la seguridad y mejorar la eficiencia en el transporte ferroviario y sus operaciones

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