Simulacro en el Nissos Chios

 

nissos chiosAyer tarde hubo llamadas a la compañía Baleària para interesarse por si pasaba algo a bordo del Nissos Chios, que cubre la línea entre Valencia y Mostaganem, en Argelia: el ferri, que había zarpado a media tarde, había reducido su velocidad a menos de dos nudos y un helicóptero del SAR, que antes había estaba sobrevolando al área de Cullera, se dirigía hacia él. Sin embargo, no había problemas: se trataba de un simulacro de salvamento, de un ejercicio que apenas retrasó unos minutos el viaje del buque dedicado al Paso del Estrecho: tras unas evoluciones del helicóptero y un desvío de rumbo del ferri, el Nissos Chios siguió su ruta establecida y buxcliffDSC_0103recuperó la velocidad de crucero normal. Mientras tanto, el gran portacontenedores Buxcliff, que ha pasado varias semanas en el área de ampliación del puerto, sin carga, al parecer a causa de una avería, se hizo ayer a la mar: el trazado de su rumbo nos indica que estuvo haciendo pruebas y evoluciones en aguas valencianas para luego poner rumbo a Turquía: se le espera en el puerto de Tuzla.

Las trayectorias del Nissos Chios y el Buxcliff, cuya proa vemos en el área de ampliación del puerto.

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Nadie despidió a la Reina Victoria

 

DSC_0016 DSC_0049El majestuoso crucero Queen Victoria, de la Cunard, ha pasado el día en Valencia. Llegó temprano, animó la ciudad con la presencia de varios cientos de turistas, y a las siete de la tarde, con puntualidad británica, había largado amarras y comenzó a apartarse serenamente del muelle, para iniciar el rumbo a Barcelona. En la terraza de la cafetería de la terminal de Trasmediterránea, un grupo de amarradores y personal portuario lo vio partir como un buque más: el Forza estaba a punto de arribar para situarse junto al J. J. Sister y tender, como cada día, el habitual puente con las islas.

Al partir, la mayoría del pasaje cenaba en el comedor de popa. Solo una minoría de pasajeros siguió la maniobra de salida desde DSC_0059las terrazas; solo unos cuantos cruceristas tomaron fotos de la puesta de sol sobre la llanura valenciana. Muchos habían pasado la tarde tomando el sol en las terrazas de sus camarotes, con vistas al muelles de Caro y a las instalaciones casi desérticas de los antiguos astilleros. Un grupo de curiosos, en el extremo de la dársena norte de la Marina, esperó ver su silueta en el mar libre, donde describió un curva con rumbo norte, que le ocultó pronto en el horizonte. El miércoles, el buque dedicará el día a Barcelona.

Con sus 90.000 toneladas, con 900 tripulantes y 1,010 camarotes dobles, el Queen Victoria, es ahora una de las tres joyas de la Cunard. Hace pocos días, en el 175º aniversario de la compañía, se ha rendido homenaje a la reina Isabel por su 90 cumpleaños y se ha presentado en Southampton la modernización del Queen Mary 2, en la que se han invertido 130 millones dólares.

Con Gran Bretaña dentro o fuera de Europa, la Cunard sigue siendo una compañía de alta calidad, de una reputación marinera indiscutible, un clásico entre los clásicos que procura acomodarse a los nuevos tiempos sin perder la distinción y las exigencias. El buque que ha visitado Valencia, botado en el 2007, tiene 297 metros de eslora  cumple todos los requisitos de la tradición. Tanto es así que la compañía sigue teniendo como producto primordial la navegación trasatlántica entre Southampton y Nueva York, con al menos un par de salidas mensuales en cada sentido.

El Queen Victoria simultaneó su estancia con el Seabourn Sojourn, todo un clásico de la calidad aunque de menor capacidad. Un día perfecto para el crucerismo valenciano, aunque nadie, en los medios informativos valencianos, se ocupó del asunto.

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Panamá, Campo y Peris Mencheta

 

canal-de-panama-viaje-a-la-mayor-obra-de-ingenieria-del-siglo-xxi-firmada-por-sacyrEl Cosco Shipping Panamá, un portacontenedores de 300 metros de eslora y 48 de manga, inauguró ayer las nuevas esclusas del Canal de Panamá, construidas por la empresa española Sacyr, que vienen a aumentar la capacidad de trabajo de esta importante comunicación  interoceánica. El buque pa01-ciudad-de-panama-panama-26-06-2016-el-buque-cosco-shipping-panama-realiza-el-transito-inaugural-por-la-esclusa-de-agua-clara-en-el-canal-de-panama-ampliado-hoy-domingo-26-de-junio-de-2016-en-ciudad-de-panama-panainaugural no es, con mucho, el mayor que puede transitar por las nuevas instalaciones: la esclusa de Agua Clara, utilizada ayer, tiene unas dimensiones de 427 metros de longitud y 55 de anchura.

Estas nuevas instalaciones, construidas a lo largo de los últimos años, suponen una nueva etapa para el Canal de Panamá, que comenzó a vapor-vic3b1uelasfuncionar hace 102 años, en 1914, después de una larguísima controversia, muchos años de paralización de obras, largas tensiones internacionales y, desgraciadamente, miles de víctimas entre los trabajadores. Fernando de Lesseps, el autor del proyecto, formuló la idea de construir el canal en 1879, después de haber inaugurado el Canal de Suez. Las obras se iniciaron en 1881 y encontraron serias dificultades financieras, constructivas y sanitarias.

Durante el proceso de construcción, el financiero valenciano José Campo, atento a sus intereses navieros, financió en 1886 una expedición a la zona de las obras y a varios países del Caribe, que utilizó uno de los buques de la compañía, el “Viñuelas”. Campo, concesionario de la ruta de La Habana, quería saber si el canal podía llegar a construirse y ser usado en un plazo razonable para comunicar con la costa oeste norteamericana y otros puertos americanos del Pacífico.

A bordo del buque viajó el periodista valenciano Francisco Peris Mencheta, con el encargo de escribir un libro, que fue finalmente editado en 1887. Se tituló “De Madrid a Panamá” y fue prologado por el también valenciano Juan Navarro Reverter. En la última página del libro podemos encontrar las conclusiones del enviado por el marqués de Campo. Son las siguientes:

“La expedición enviada a Panamá por el Marqués de Campo constituye un hecho glorioso, no solo para este opulento banquero, sino para la patria española. El canal interoceánico no estará terminado, segun nuestra modesta opinión, hasta fines de 1892 o principios de 1893, y para esto no ha de faltar dinero, mucho dinero, ni ingenieros inteligentes que puedan continuar la campaña activa y  moralizadora que acometió el infortunado Mr. Boyer. No debe en manera alguna el genio más grande de este siglo, Mr. Lesseps, visitar de nuevo el Cenal, porque su vida es necesaria a la gran obra acometida. Debe reducirse el escandaloso número de empleados que mantiene la Compañía y aumentar el salario a  los obreros, que son generalmente los mártires de la civilización y que no estan bien atendidos. El Canal interoceánico estará concluido antes de terminar el siglo XIX, cualesquiera que sean las dificultades económicas que puedan surgir sobre las que ya existen”.

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Las lecciones de dos buques de la Armada

20160619_124338El paso por Valencia de dos buques de la Armada española, el Galicia y el Infanta Elena, ha venido a dejar claro que la vieja afición de la gente, en este caso de los valencianos, por “ver barcos de cerca” no ha desaparecido pese a las modernas reglas que impiden, por seguridad general, favorecer el acceso de las personas a los muelles donde hay buques atracados. Es una pasión, es una tendencia inevitable: ver buques  estimula la imaginación, incluso invita a soñar; enseña, 20160619_124709 20160619_131112 20160619_182422educa, explica, y forma parte de uno de los más sencillos entretenimientos familiares. Es necesario incluso como complemento de la formación escolar: es preciso que todo no se aprenda a través de la televisión, es conveniente que los niños vean aeropuertos y estaciones de ferrocarril, granjas y fincas de cultivo, embalses y… puertos con barcos.

Claro está que la seguridad manda sobre todo. Pero sería bueno que los puertos encontraran fórmulas seguras para favorecer ese contacto de los vecinos con los buques de todo tipo. Y hoy en día, en la dársena Juan Carlos I de la Marina de Valencia las oportunidades son muy escasas. Por eso ha sido aleccionadora la presencia del Galicia y el Infanta Elena, que llegaron el viernes, con prisa por volver a Cádiz, y zarparon el lunes, después de unas jornadas de puertas abiertas a las que Valencia ha correspondido con colas de una hora de espera, muchas veces al sol del verano adelantado.

La visita, hay que decirlo, es escasa: deberían poderse ver muchas más cosas en los buques. Dónde se come y se duerme a bordo, conocer dónde trabaja la gente o se opera una apendicitis, saber más y recibir más explicaciones, es tan aleccionador como ver los hangares o participar de la siempre fugaz visita al puente de mando, llena de botones. En el Galicia, un estupendo buque de desembarco anfibio, lo mejor que contiene no lo llega a saber, ni mucho menos ver, el visitante; que no accede, lástima, a la zona inundable de la que las lanchas de desembarco ya salen navegando por la popa, con su dotación y pertrechos. Eso es conveniente verlo, como es conveniente que el concepto de la visita sea más real. Un buque de la Armada, como un carro de combate o un bombardero, no pueden estar “disfrazados” intelectualmente, verbalmente edulcorados, como máquina s solo al servicio de la ayuda humanitaria. Porque primordialmente son armas de defensa y ataque, o sea de guerra; construidas para defender nuestras libertades y nuestros intereses contra hipotéticos enemigos.

La visita de estos dos buques, por otra parte, ha servido para demostrar también, que el calado de la Marina es adecuado. El Galicia hace seis metros y entró con facilidad ayudado por la versatilidad que le dan sus hélices de proa. Y se situó en el punto ideal de la vieja dársena. El Infanta Elena, más pequeño, quizá fue alejado a la dársena sur de la Marina, por llevar cañones y misiles bien visibles. Pero lo que cuenta es que a la Marina podrían entrar muchos buques que no lo hacen, de la Armada y civiles. Muchos cruceros turísticos de porte menor, de seis metros de calado y hasta 170 metros de eslora, deberían ser conducidos allí, a la vista de la Torre del Reloj, y solo haría falta una pequeña instalación que debería funcionar en esa Estación Marítima que está abandonada desde la Copa América… y condenada el derribo.

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El Nissos Chios ya está en Valencia

 

nissos chios (1)Aunque en teoría el servicio de Balearia entre Valencia y Mostaganem debe arrancar el martes, 14 de junio,  el Nissos Chios, ferry que la empresa ha destinado a cubrir la ruta, llegó en la noche del domingo al puerto de Valencia, procedente de Denia. Después de rendir viaje entre Palma, Ibiza y la ciudad del Montgó, el elegante buque de nombre y origen griego quedó vinculado a su nuevo destino y atracó en el Muelle de Poniente. Según se ha anunciado, los viajes al puerto argelino los hará lunes, martes, jueves y sábados, en no más de doce horas, con precios de 92 euros si el viajero hace el trayecto en butaca y 122 si selecciona dormir en camarote. Como ya dijimos, el ferry puede embarcar hasta 1.400 pasajeros, 300 coches y un lineal de camiones de más de 500 metros.

Se supone que para el arranque de la temporada del Paso del Estrecho en Valencia habrá dado tiempo de hacer las adaptaciones necesarias para que los viajeros lleguen al puerto sin dificultad y, una vez allí, tengan espacios adecuados para estacionar en cola de subida a bordo, y esperar en condiciones razonables la hora de embarque. Las autoridades marítimas y terrestres han celebrado reuniones de urgencia y anunciado medidas inmediatas, incluidas las de seguridad en frontera, aunque el Gobierno sigue sin aceptar la inclusión de Valencia en el operativo nacional del Paso del Estrecho.

En la línea de Denia-Ibiza-Palma, Balearia ha destinado al ferry Bahama Mama, que días atrás sirvió para hacer las presentaciones de la línea Valencia-Mostaganem en el puerto argelino, aunque no quede adscrito a la ruta. El Bahama Mama ya zarpó de Denia el domingo y está trabajando en su nuevo destino.

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Domingo apacible a la orilla del mar

UASC LINAHEs una apacible tarde domingo. Para el paseo, para el cine, para ver fútbol o tomar un refresco. Es una tarde, aburrida como otras, para tomar el sol y la brisa en la playa. Entre las mil cosas que se pueden hacer, también está echarle un vistazo al puerto de Valencia. Donde podemos ver que, lejos del aburrimiento, en el puerto hay una tarde de domingo movida. Y que no es poca cosa lo que se está manejando: de los once buques que tienen echadas amarras a los muelles –otros seis más están esperando su turno frente a Pinedo– hay operando nada menos que seis barcos de carga de trescientos metros de eslora o más: dos, el MSC Brunella y el Buxcliff, les falta un centímetro de eslora para llegar a ese tamaño que les sitúa en la categoría “superior”; otro, el Rabelais de CMA CGM, que declara 300 metros justos; el MSC Guatemala que exhibe 337 metros, el MSC Savona que registra 365 y el mayor de los presentes, el Linah, de UASC, con 368 metros. En total, entre los seis buques,  requieren casi dos kilómetros lineales de muelles, que es la distancia que separa Nuevo Centro de la plaza de España.

Mientras tanto, los cuatro o cinco ferrys de las islas e aproximaron a los muelles de Balearia y Trasmediterránea concentrados entre las siete y las ocho de la tarde, para descargar, dejarlo todo a punto, cargar y volver a zarpar en pocas horas: Abel Matutes, Sicilia, Almariya, Forza, Juan J. Sister…

En cuanto a los buques de cruceros, llama la atención –y no poco—que el Costa Mágica, que tenía programada estancia en puerto ayer, según la hoja de ruta de la Autoridad Portuaria de Valencia, pasó el día en Alicante, ciudad desde donde emprendió rumbo a Civittavecchia. A la hora de escribir estas líneas, atwrdecer del domingo, navega entre Cerdeña y Córcega y por Valencia no se le ha visto el mástil. ¿Qué está pasando?

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Se trata de manejar personas

DSC_0747El puerto de Valencia vivió ayer viernes un inicio de temporada glorioso, que puso a prueba todas sus instalaciones. Miles de viajeros partieron de las terminales de Trasmediterránea y Balearia, que se vieron aglomeradas desde media tarde, hasta la salida de los cinco buques programados. Y el puerto de Valencia, puesto a prueba con intensidad, demostró las grandes carencias que le adornan en el manejo de personas: la señalización es rara y mala, los estacionamientos escasean y están lejanos, la falta de personal que tanto el puerto como los operadores ponen al servicio de los viajeros es mínima… Y todo eso, en una jornada en la que no había programado ferry a Argelia, la guinda del pastel de esta temporada.

DSC_0752Cientos de familias se dieron cita en el puerto ayer, fecha programada para la partida de las excursiones escolares de cientos de estudiantes hacia Mallorca e Ibiza. La primera parte de la odisea de las islas consistía en estacionar el coche familiar en alguna parte, una aventura que el Puerto de Valencia dificulta. Pero un instituto completo de Segorbe llevaba a sus alumnos de viaje y familias enteras se habían venido a Valencia a trasladar a los estudiantes con sus equipajes. La mayoría estacionaron lejos, muy lejos de la terminal; y acarrearon los equipajes durante trechos notables, unos hasta la estación marítima de Trasmediterránea y otros, ay, con caminata más larga, hasta la de Balearia.

La plaza presidida por el busto de Aguirre Matiol, frente a Trasmediterránea, estuvo atestada de gente toda la calurosa tarde; viajeros y familiares tuvieron que llegar a ella sorteando los grandes camiones que el “Forza” y el “Almariya” desembarcaban de sus bodegas. El puerto de Valencia no tiene circuitos separados para camiones, coches y peatones: todo confluye en una única plaza y una estrambótica rotonda donde aun están pintadas las rayas del circuito de Fórmula I de años atrás. Ayer era prácticamente imposible llegar en taxi hasta la puerta de la terminal; pero aún era más difícil llegar a pie: las iras de los conductores de camión eran inevitables; en medio del atasco, dos enormes camiones-cisterna, especiales para trasladar peces vivos, se abrieron paso entre la multitud de viajeros.

Los pasajeros, jóvenes y bulliciosos, estaban contentos por volar fuera de casa. Había madres atentas a todos los detalles, padres cansados de llevar maletones. Y había poca, poquísima información pública fiable. Los jóvenes querían obtener todo la información de sus móviles, pero no basta… ni de lejos. El puerto necesita rótulos que hagan fácil llegar con seguridad, en coche, hasta los buques de Balearia; no hay un cartel que muestre dónde están amarrados los barcos que salen hoy y cómo se llega hasta ellos. El puerto piensa que eso es cosa de las navieras y las navieras estiman que es cosa del Puerto. El resultado es el caos: la mayor parte de los pasajeros bajaban de un taxi donde podían, dejaban el coche donde veían un hueco y echaban a caminar hacia el primer buque que divisaban a lo lejos… Y ayer eran cinco.

Caminando, preguntando, arrastrando la maleta, algunos venían desde el Edificio del Reloj. Los pasajeros decían que querían ir a Palma. Y para esa ciudad iban a zarpar tres buques en dos terminales separadas medio kilómetro. Era una odisea. Con un resultado muy parecido al caos. En la plaza, solo un agente de la autoridad portuaria. Y ningún policía municipal. En la terminal de Trasmediterránea, dos agentes de la Guardia Civil. Pero ¿por qué no se puede esperar en una terminal construida para que esté acondicionada noche y día, tenga abiertas tiendas y lugares de espera, disponga de servicios higiénicos y cafetería? ¿Por qué no se abre el acceso del público a la terminal y la gente tiene que esperar en la calle el momento en que se abra el acceso a los barcos?

El Puerto de Valencia tiene que aprender a serlo. En el manejo de contenedores y mercancías es un gran líder; pero este verano se le va a poner a prueba, duramente, con el manejo de personas. Que le llegan por tres vías: los cruceros de escala rápida, los ferrys convencionales de las islas y los ferrys que van a operar con Argelia dentro de la Operación Paso del Estrecho… aunque sin las ayudas del Estado. Todos son viajeros, todos son personas. Y todos merecen un rótulo de información, un estacionamiento, un acceso cómodo, una sombra, una silla, una fuente de agua fresca en la sala de espera… Ahora estamos hablando de la gente, no de contenedores que se apilan.

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