La angustia de las cifras

IMG_0359Los puertos españoles siguen sometidos a la angustia mensual de las cifras. Imagino que sus directivos no deben dormir, atrapados en la estadística, sumidos en una guerra de números que, en vez de colegas de un mismo oficio, en vez de hermanos de una misma nación, les enfrenta a muerte con la hoja de Excel en la mano. Porque el Ministerio lo quiere, porque en Madrid –¿qué lejos están los puertos, verdad?– reclaman que sea así y sostienen que los beneficios deben ser centralizados. Son las secuelas de la más terrible crisis que hemos vivido, la que lleva, por ejemplo, a que Algeciras y Valencia disputen agriamente por el trazado de ferrocarril, un problema que España debió resolver hace no menos de cincuenta años…

Con todo, Valenciaport (Valencia, Gandia y Sagunto) ha manipulado 33.239.998 toneladas durante el primer semestre del año, cifra que supone un incremento del 0,43% respecto al mismo periodo del año anterior y que revierte la tendencia negativa del ejercicio. En los periódicos, que convierten todo cuanto pueden en una competición de fútbol, va la noticia, expresada con suspiro: estamos empatando. El import-export de mercancía general asciende un 8,02% en el acumulado hasta el mes de junio. En concreto, las exportaciones de mercancía general crecen un 11,55% hasta los 6.090.928 toneladas debido a los incrementos de los tráficos con Italia (+63,46%), Argelia (+56,46%) y Estados Unidos (+27,78%). Las importaciones aumentan un 2,08% con un total de 3.321.944 toneladas motivado por el avance de los tráficos con China (+1,05%), Italia (+31,30%) y Estados Unidos (+9,58%). Por el contrario, el tránsito desciende un 8,22% hasta los 15.162.727 toneladas.

Desciende el tránsito. Y el movimiento de contenedores vacíos. Esas son las claves de los puertos valencianos. Junto con la bajada de turismo de cruceros, muy aparatosa, del orden del 25 % con respecto al año anterior, factor en el que sí deberíamos saber qué ha ocurrido y qué medida shabría que tomar con urgancia para establecer correcciones.

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“Elcano”, por el amor a la vela


banderaHace siete años, en el verano de 2007, tuve la suerte de poder hacer el viaje de cortesía en el que la Armada Española invita a conocer por dentro el buque escuela “Juan Sebastián Elcano”. Terminado su viaje anual, el bergantín goleta asiste a la ceremonia de jura de bandera de los nuevos oficiales, el día de la Virgen del Carmen, y luego emprende viaje a su base habitual. en Cádiz, llevando invitados en las literas de los guardiamarinas que han desembarcado. Desde Galicia, rodeando Portugal, durante cuatro días, tuve la suerte de conocer el andar de la nave más hermosa de nuestra Flota y de conocer ñas historias de veteranos tripulantes que, por entonces, llevaban treinta años haciendo el mismo viaje por el mundo. Han pasado siete años pero aquella experiencia jamás la olvidaré. En el día de la Virgen del Carmen, la reedición del reportaje que “Las Provincias” publicó el 8 de agosto de 2007, sirve como homenaje a la Armada y sus gentes.

IMG_0245IMG_1058 sextanteEl sábado, 21 de julio (de 2007), acompañado por un cortejo naval de remolcadores, patrulleras y docenas de yates de motor y vela, escoltado en el aire por helicópteros y cazas Harrier, el bergantín-goleta Juan Sebastián Elcano regresó a la bahía de Cádiz, su puerto natural. Para la Tacita de Plata ese día es de fiesta especial: adora el buque, le tiene como propio y cada año convierte en una gran celebración su vuelta a casa.

Con el natural ambiente de emoción, con las autoridades en el muelle, la vuelta del Elcano ha supuesto el final del 78º Crucero de Instrucción que se inició el 7 de enero. Durante siete largos meses, el buque ha formado a 40 guardiamarinas en el curso de un programa de instrucción que culminó con el tránsito Norfolk-Valencia que lo puso en nuestro puerto el 23 de junio, para la final de la Copa América. El pasado 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, en la Escuela Naval de Marín, los guardiamarinas recibieron su despacho de oficial de manos del Príncipe Felipe.

El último trayecto anual del Elcano, desde Marín a su base de Cádiz, es el que aprovecha la Armada y el Ministerio de Defensa para acoger a 40 invitados que viajan en las literas de los guardiamarinas ya francos de servicio. Esa oportunidad, que se debe siempre a una invitación del Ajema (Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada) es la que ha permitido al autor de este reportaje traer a los lectores de LAS PROVINCIAS las impresiones de un viaje que reúne gran parte de cuanto queda, de tradicional y romántico, en una moderna Armada inscrita en la necesaria modernidad de una nación integrada en la OTAN.

Pocos españoles, solo 40 cada año, tienen la suerte de ser invitados en el Elcano. A algunos periodistas, militares y marinos retirados, estudiantes bien cualificados o miembros de la Liga Naval Española les corresponde esa suerte. Y disfrutan, durante cuatro días, de un régimen de vida a bordo que les permite conocer de cerca un buque es una joya viviente de la Marina Española y, al mismo tiempo, el espíritu que mueve a todos los hombres y mujeres –34 entre casi 200– que trabajan como dotación profesional a bordo del buque Elcano.

Entre esos profesionales hay marinería joven y veteranos que desempeñan oficios: cocineros, músicos, peluquero, velero, carpintero. A bordo hay siempre un sacerdote y una comandante médico. Y hay, sobre todo, un trabajo incesante, del que nadie escapa: la misma muchacha que llevó ayer a los invitados hasta su litera estará mañana caminando por las jarcias, tendrá una guardia de mar nocturna y servirá los desayunos cuando le toque. “Porque todos trabajamos igual a bordo; todos hacemos todo”, explicará con una sonrisa. En el Elcano el clima es distendido en aras de la convivencia. No hay aparatosos saludos aunque todo el mundo sabe cuándo hay que darlos. Tampoco hay voces ni gritos. Las órdenes se transmiten mediante un código de pitos que manejan los suboficiales y que toda la marinería escucha y entiende. La maniobra general, el despliegue de mujeres y hombres por jarcias y velas, a más de 30 metros de altura sobre el agua, supera en vistosidad y emoción el mejor espectáculo del Circo del Sol. Es una emocionante fiesta para los ojos, que evoca esa tradición en la que el viaje a vela se trastoca en aventura de valientes, camaradería y lealtad a una bandera.

Seguridad y riesgo

Toda persona que suba por una escala está obligado a llevar arnés y a enlazar sus sistemas de supervivencia; pero solamente en las vergas y bajo las cofas hay seguras “líneas de vida”. Jóvenes, fuertes, en ocasiones atléticos, incluso “metrosexuales”, hombres y mujeres de la mar –marinos, cabos y cabos primero– trepan hasta las alturas sin temor e incluso con placer deportivo.  “A mí no se me ha perdido nada allá arriba”, dirá mirando de reojo un cocinero profesional, gaditano profundo, sucesor del mítico Alfonso que pasó 35 años a bordo y elaboró platos para tres generaciones de marinos: don Juan de Borbón, don Juan Carlos y don Felipe. “Antes había sastre a bordo, y calafate y panadero. Las plazas, ahora, se van amortizando”, dice un poco nostálgico este hombre, capaz de organizar una nevera con 9.000 kilos de carne donde además han de ir algunas cosas selectas para el día en que el comandante quiere atender bien a un primer ministro en puerto.

IMG_0202 igualdad elcano--575x323“La cocina ha de estar preparada para todo. Lo que pasa es que estos chicos de ahora son muy finos, no comen como los de antes: solo quieren pizzas”, dice este profesional que todos los domingos de mar, en tierra o en medio de una tormenta, cocinará paella. “Los domingos paella, sí señor. Paella para 240, con 20 kilos de arroz. No nos salen malas: desde luego mejor que una que comí en un restaurante de Nueva Orleans, hecha por español, que el canalla le ponía picante porque decía que era lo que le pedía el público. ¿Guindilla picante a una paella? !Hay que ser bruto!” El cocinero Juan Ramírez ha pasado cuatro navidades cocinando en la mar para su gran familia. “Dos fueron de vuelta el mundo, un viaje que nos dura cuatro meses”.

Valencia a bordo

Enrolados en el Elcano hay varios valencianos. Vicente Val es un cabo primero, destinado en la comandancia de Marina, que pidió el navío como comisión de servicio. El marino, de Tabernes de la Valldigna, ha trabajado siete meses en la administración del buque y piensa que la Armada es un buen destino. El teniente de navío Rafael Bruñó Soler es un experimentado oficial, natural de Alberique, eficaz y cortés, que está haciendo una buena carrera en la Armada. No son los únicos valencianos a bordo: los hay también entre los músicos, una especialización que se integra en la marinería y que siempre ha contado con gente de nuestra tierra. Precisamente uno de los invitados que más respeto despertó en esta travesía es Antonio Cano, un trompeta, nacido en San Fernando, que a los 81 años, gracias a la petición hecha por su hijo, ha podido recibir el homenaje que su veteranía merece. Tras 19 cruceros en el Elcano, el músico reunía cada día un corro de admiradores de su álbum de recuerdos, que se abre con la foto que en 1958 le dedicó el Rey, entonces guardiamarina.

La larga experiencia de Antonio Cano permite evocar el pasado e intentar deshacer la leyenda: ¿Es cierto que este navío navegó alguna vez con 48 grados de escora? “Lo es. Yo estaba allí aquél día, yo estaba en aquél huracán tropical, con olas que nos pasaban por encima como montañas. Fue en 1954; y no olvidaré jamás la cara de un brigada que, al ver que el barco, después de esa escora terrible, no se incorporaba a la flotación como debía, me miró y me dijo: “Antonio, esto no me gusta”.

Historias de la mar brava

IMG_1106 IMG_0237Son historias, casi leyendas, pero no tan lejanas. El Elcano, en los años ochenta, se aventuró más al sur del paralelo 40 y lo pasó muy mal. Una voz anónima del
barco lo evoca: “Aquel comandante nos metió el miedo en el cuerpo a todos en cuanto llegó. Quería un récord. Y nos llevó hasta los Cuarenta Rugientes, pasando de Nueva Zelanda al Atlántico. !La madre de Dios! Había olas de 14 metros y creíamos que era el final de todos nosotros…”

De todas formas, la historia del Elcano es la de la evolución de la navegación moderna: de una meteorología primaria ha pasado a predicciones seguras y sistemas absolutamente actuales. El buque, que si el viento se comporta navega a vela el 70 % de su tiempo, disfruta de js elcanotodos los adelantos marinos y está siempre enlazado con sus mandos. Incluso se ha vencido ya el antiguo aislamiento de la marinería; porque cada tripulante, en cualquier lugar del mundo, puede hablar con su familia, gratuitamente y en privado, cada cuatro días.

El tránsito entre Marín y Lisboa, en parte a la vista de la costa portuguesa, fue un verdadero viaje de placer en un ámbito doméstico. Con buenos vientos del noroeste todo fue fácil: una cortesía ejemplar permitió a los invitados de 2007 conocer los secretos del Elcano, el gran espíritu marino de la tripulación y la misión que la Armada da a esta vieja gloria del mar.

El maestro velero no tiene otro hogar

Gabriel Campomar, el maestro de velería del Elcano no tiene hogar. Soltero, tiene por casa el navío. Es el único español que en su DNI, que muestra orgulloso, tiene como domicilio oficial el buque escuela de la Armada. “Hago la travesía y luego reparo y preparo las velas en tierra. Vivo en el barco. Porque como soy personal civil, no tengo derecho a casa”, dice este especialista que en Valencia no se atrevió a entrar en una de las bases de la Copa América y pedir ver un moderno taller de velería deportiva. “Ya me hubiera gustado”, asegura nostálgico. “A ver si hay ocasión”. Mallorquín de nacimiento Campomar –“llevo el mar hasta el apellido”– era tapicero y guarnicionero, “unos oficios que se pierden”. “Y me metí en esto, a reparar las velas. Son de Dacron 2000 y 2500, echas en Galicia. Tienen una vida de entre tres y cinco años; y aunque llevamos repuesto, pues hay que repararlas cuando se rifan (rasgan). Este año se nos abrió cinco o seis metros un foque; pero las reparaciones pequeñas se hacen sin bajarlas”, dice mostrando las agujas de acero que ha usado en 19 años de oficio.

Un museo y una embajada flotante

Además de servir para la formación de los futuros oficiales de la Armada, el Juan Sebastián Elcano es un museo y una embajada española flotante. Sólo en la cámara del comandante se guardan placas, metopas, fotografías y recuerdos de todos los viajes y cruceros de instrucción que podrían llenar amplias salas del Museo Naval. Aunque durante la nevegación se guardan, para evitar los riesgos derivados del cabeceo, visitar la cámara del comandante del Elcano durante una recepción equivale a reconstruir los últimos años de historia de España y de su Armada.

El comandante, Salvador Delgado, subrayó en este viaje el papel de embajada que el bergantín-goleta ha tenido y tiene. Siempre a las órdenes del Estado y la Armada, el buque, cuando ha tenido a bordo a miembros de la familia real y en todas las demás oportunidades, cumple una alta función de representación. A sus recepciones asisten presidentes, primeros ministros, embajadores y altos funcionarios. Y muchas veces ha sido eficaz punto de encuentro para que, con discreción, se resolvieran en favor de España asuntos de Estado o de interés económico general. “Hemos sido punto de encuentro, efectivamente, con personajes que, a juicio de un embajador, eran importantes para los intereses de España. En ese sentido, obviamente, estamos al servicio del Estado”, dice el comandante. Que también señala como, durante años, el Elcano era punto de encuentro de las colonias de españoles en la emigración. “Lo han confesado más de una vez: españoles en el exilio que no se veían en tierra, se encontraban aquí”.

Años y millas

Pocos marinos han visto tantas tierras y mares como estos dos veteranos. Antonio Cano, a la izquierda, ha sido 19 años músico a bordo y guarda recuerdos del Rey y del Príncipe Felipe. El barbero, junto a estas líneas, recibió un homenaje de jubilación durante la travesía y fue reglamentariamente manteado a los sones de “Paquito, el Xocolatero”. Además de peluquero, ha sido, durante 12 años, el gran confesor, el hombre el que todos recurrían. /P.

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La visita mensual del Seabourn Sojourn

SEASOJEn el muelle de Caro, donde hace un siglo daban la vuelta los tranvías, ha pasado el día el “Seabourn Sojourn”, uno de los buques de crucero de más refinado lujo. Delante de los astilleros, hoy inactivos, el buque, de 225 suites de lujo, ha pasado diez horas en Valencia, en una escala que muchos de los pasajeros han aprovechado para visitar la ciudad y la Albufera, radiante de verdor en los arrozales durante este mes de julio. Otros pasajeros han aprovechado las horas libres para hacer compras porque este es el último puerto antes del final de su aventura. Algunos, sin embargo, ni han bajado a tierra: seis jacuzzis, dos piscinas, cuatro restaurantes y un spa de mayor extensión que los habituales en tierra hace que en ocasiones haya que tener mucha voluntad para bajar a los muelles, aunque esté esperando el autobús.

El “Seabourn Sojourn” estará el sábado en Barcelona, punto de partida de su circuito mensual por todo el Mediterráneo. Se trata de un recorrido de 30 días, dividido en tres segmentos de diez días, que lleva al buque a puertos e islas de las costas de Francia, Italia, Grecia y Turquia. El primer tramo concluye en el Pireo, el segundo en Montecarlo. Y vuelta a empezar… De modo que el buque volverá a estar en Valencia el 10 de agosto, el 8 de septiembre y el 8 de octubre.

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Algo más que indiferencia

WIND_SURFEl “Windsurf”, una joya del mundo de los cruceros de lujo a vela, ha pasado este fin de semana en los puertos de Vigo y Ferrol. Y como no puede ser de otra manera en dos ciudades de larga tradición marinera, la presencia de esa hermosura de cinco mástiles ha sido un acontecimiento local. Tiendas y restaurantes han celebrado la presencia del buque, al que los medios informativos han dedicado espacios relevantes.

Todo ello contrasta con la indiferencia con que los medios informativos valencianos suelen acoger el paso de los buques de crucero, una actitud que se contagia al resto de la sociedad. Este año, en el que se está produciendo menor número de atraques de este tipo de buques, lo que los medios en papel han destacado es precisamente la noticia de la bajada, pero han dejado de consignar la presencia de buques notables como se hacía en temporadas anteriores. Con todo, aun ocurre algo a nuestro juicio más grave: la prensa no indaga qué está pasando para que la presencia de barcos sea menor y no propone soluciones, estrategias y alternativas para que eso deje de pasar y para que las autoridades colaboren en el problema.

Una vez más, la indiferencia, el encogimiento de hombros, es la actitud más extendida en la sociedad valenciana, que parece vivir sin pulso. Por descontado que, si ese es el comportamiento de los medios en papel, las radios y las televisiones ni se acercan a los muelles valencianos: si le costaba hacerlo a la desparecida Canal 9, mucho menos van a tomarse la molestia de dar una noticia valenciana las cadenas nacionales. Las novedades de tono positivo, no interesan en Madrid.

El “Windsurf”, jaleado en Galicia porque ha regresado después de un año, ha estado en Valencia, este mismo año, en dos ocasiones, 25 de abril y 28 de junio. Pero es un perfecto desconocido para los medios informativos locales. Es obvio que podemos seguir viviendo sin esa noticia; pero es obvio también que la sensación valenciana de “ninguneo” tiene mil causas, de las en buena medida somos responsables los propios valencianos.

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El mejor puerto para vehículos

Imagef002318No es sencillo manejar coches nuevos en un puerto. Para empezar, es una especialidad que moviliza y emplea a una flota de grandes profesionales, expertos en desembarcar vehículos de camiones o vagones de ferrocarril, estacionarlos apretadamente en los muelles y embarcarlos finalmente en buques preparados para el transporte de coches. Arriba y abajo, una y otra vez a lo largo del día, docenas de conductores repiten con precisión la misma operatoria. Y en el caso del puerto de Valencia, en el año 2013, se ha repetido hasta 465.000 veces, tantas como vehículos se han movido en los muelles, más de 600 coches cada día.

Desde el agua, frente al muelle, impresiona ver las largas y perfectas filas de coches, brillando bajo el sol. Cientos, miles de vehículos, furgonetas, camiones y tractores, también mucha maquinaria de obras públicas, nueva y usada, se mueve cada año por Valencia Terminal Europa, un muelle dedicado a esta especialidad, que pertenece al Grupo Grimaldi. Aunque hay numerosas operadoras dedicadas a la labor de mover vehículos, esta naviera es la que opera con mayor frecuencia en la terminal. Grimaldi ofrece conexiones 6 días a la semana con los puertos italianos de Livorno y Savona y tres días a la semana con Cagliari y Salerno. Asimismo, la compañía ofrece cuatro conexiones semanales con Amberes, Portbury y Setubal.

Desde el puerto de Valencia, en 2013, partieron, con papeles de exportación, 223.000 vehículos, de los cuales un 40 por ciento son de la marca Ford debido a la lógica de proximidad de la factoría valenciana. Pero casi todas las marcas del mercado están en la lista de vehículos manejados: Fiat ocupa el 15%; Opel, el 10% y Peugeout, el 5%.

Dique del EsteANFAC, la Asociación Nacional de Fabricantes de Automóviles y Camiones, está satisfecha con los servicios que ofrece el puerto de Valencia para el movimiento y exportación de automóviles. De ahí que nuestro puerto haya sido elegido como el mejor de España para el  tráfico de vehículos, con una puntuación de 4’6 sobre 5, lo que le ha supuesto pasar de la tercera a la primera plaza. Esta magnífica nota se debe, sobre todo, a la mejora que ha supuesto la puesta en marcha de la conexión ferroviaria hasta el Dique del Este, una facilidad que permite atender a la vez dos formaciones de tren de hasta 700 metros de longitud. Un nuevo servicio ferroviario semanal, procedente de la factoría zaragozana de General Motors ha sido la mejor noticia del año 2013 en ese muelle del Este. La lástima es que el puerto de Sagunto, estratégicamente bien dispuesto para el movimiento de coches por el Mediterráneo, no disponga hasta el momento de conexión ferroviaria… Causa asombro que eso ocurra en el siglo XXI, y es la causa de que el puerto se haya quedado en quinto lugar en la clasificación de ANFAC. Pero es lo que hay mientras no se construya el proyecto existente.

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Crucero con Diana Krall

diana krallEn el mundo de los cruceros de lujo, la perfección parece haberse conseguido… hasta que la realidad nos indica que siempre se puede avanzar un paso más. Como ejemplo, el de una empresa norteamericana que se encarga de la producción y promoción de festivales de jazz a bordo de buques de crucero especialmente fletados para los amantes de este tipo de itinerariomúsica. Ahora mismo, la sensación de la temporada es la que promociona la compañía Seaburn, que a su altísimo nivel convencional está añadiendo un recorrido por once puertos mediterráneos con un programa de jazz cada noche y actuación especial de Diana Krall en las cuatro últimas noches del recorrido.

Será a bordo del “Seabourn Sojourn”, un exclusivo buque, con 225 suites dobles. Y será cuando el calor no apriete y las grandes masas de turistas se hayan retirado ya de la circulación para iniciar cada uno su trabajo. Entre el 30 de septiembre y el 10 de octubre, entre Montecarlo y Barcelona, el exquisito buque recorrerá costas e islas con los mejores vinos y licores, los mejores cocineros y los mejores regalos para el cuerpo y la cultura. Durante cuatro de los primeros seis días, un selecto grupo de jazz convertirá las noches en un festival; durante las cuatro últimas noches, del 6 al 9 de octubre, entre Roma y Barcelona, Diana Krall llevará su encanto musical al escenario del barco. De los precios, quizá sea mejor no hablar, para no romper el ensueño…

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Visión y sueño del “Windsurf”

Wind_Surf_CaribbeanDesde la terraza de Ikea, más allá de la llanura de coches, es posible ver el mar. Por encima de los tejados de Media Market y de Wok, hay una cinta azul difusa, brumosa por la calima, por la que ayer tarde, entre las cinco y las seis, se deslizó la silueta blanca de un elegante crucero a vela de cinco palos. La gente estaba en lo suyo, comprando armarios y coladores, de modo que nadie se dio cuenta. Pero como yo había visto ya aquel perfil hace años, desde una terraza del Saler, cuando vino a una de las competiciones de la Copa América, lo que hice fue, sin que me viera nadie, cerrar los ojos y soñar un instante. Soñé que estaba lejos de los colchones y de las alfombras, de los floreros, las vajillas y los armarios; soñé que sobrevolaba incluso el grandioso enjambre comercial y que, por encima del arrozal y del lago, conseguía colarme en el velero y ser un viajero más, un desconocido entre los 312 selectos pasajeros del “Windsurf”, atendidos por más de 150 atentos y disciplinados tripulantes. “¿Un Manhattan en la terraza de popa, señor?”. “¿Le anotamos reserva de mesa para la cena-baile de esta noche?” Fue un sueño corto. Me despertaron y tuve que volver al ajetreo y las apreturas del coloso sueco de los muebles. Albóndigas y camas plegables. Cuando escribo esto, todavía con la boca medio abierta, el hermoso velero –tres restaurantes, piscina, biblioteca, casino, gimnasio y todo lo demás—está doblando el Cabo de la Nao y se dispone a dejarse ver, con todas las luces prendidas, frente a los que toman copas en las terrazas de Moraira. El domingo, quién te pillara, recalará en Cartagena.

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